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jueves, 12 de noviembre de 2009

ssshhh

La otra noche, mientras estaba en la otra realidad ibamos con ele bien felices escalando lavarropas, algunos estaban desgastados por el uso, eran blancos, grises y oxidados. Pero ahí estabamos subiendo uno por uno con agilidad y sin vértigo. Mientras tanto arrojabamos al vacío algunos cubitos de diversos tamaños que resaltaban en el cielo negro reflejando la luz de la luna que siempre nos mira, y los veíamos perderse despacito en el abismo. Caían en cámara lenta, en nuestros eternos ojos lentos.
Al llegar a la cima de electrodomésticos, encontrabamos como una terrible carpa de color rojo oscuro. Allí llegaba yo trepando en soledad, hasta el techo de la mismaque era como una superficie cuadrada de lona, de esos que cubren la entrada de las carpas que tienen muchísimos ambientes, entonces podía contemplar la totalidad del paisaje y descansar luego recostada sintiendo aquello que se siente cuando se hace la plancha en la pileta, y ese silencio suave como un susurro que al cerrar los ojos nos espía. Porque era la hora, había llegado el momento de dejarme estar. Así como en el agua me voy despacito.

miércoles, 22 de julio de 2009

desaguar

Esto sucedía a orillas de un río, en un espacio oscuro, cerrado. A la izquierda se observaban unas columnas de color gris que precedían la oscuridad. Sobre unos escalones llenos de musgo, como si fueran parte de la bajada de una pileta angosta y abandonada, tendía las prendas que llevaba en un pequeño bolso.
Con suficiente cuidado, intentaba que queden embebidas en el agua turbia del río. Pero la desesperación llegó a mi, cuando un pantalón se hundió por completo, intenté sacarlo pero fué en vano, pues no aparecía. Entonces, tuve que desagotar el río. Aparentemente no había otra opción.
El alivio de encontrar mi prenda favorita se vió contrarrestado por el miedo que sentí al ver dos gatos huir despavoridos por la presencia de una pequeña caja negra que se encontraba en el fondo de donde hacia instantes había un tenebroso río.
Me acerqué, abrí la cajita. Pude ver que adentro había un par de guantes negros muy elegantes, habían pertenecido a una muerta y ahora formaban parte de un daño contra mi. Los gatos alrededor, miraban con desprecio la situación. Por mi parte comencé a gritar desesperadamente por todo lo que eso significa.

domingo, 19 de julio de 2009

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Entonces me levanté y empecé a caminar, vi pasar los autos, miré el cielo, puse mis manos en los bolsillos me dije para adentro. Iré. Entonces de repente L era un chico de esos que pobre los borré así como enojada sin estar enojada. Nos empujábamos un poco mientras los planos se confunden como si fuera una película mal hecha pero de las que me gustan.
Ahí es cuando aparezco en el tren. Subo con el alivio de viajar hacia allá. De ver los colores apaciguados y un silencio que te deja sordo por tanto ruido. Los pasajeros se encuentran en un estado similar al mío. Puedo verlo en los ojos de cada uno de ellos. Este tren se dirige donde el dolor se olvida y las cosas empiezan a flotar en esferas que salen de nuestra boca como si fueran burbujas. Si si así es, es de no creer.
El vagón donde me encuentro, tiene apariencia de aula, estoy sentada sola. Miro hacia abajo para atrás, y veo unos zapatos de un color raro con pintitas de diferentes tamaños. F me contó que se los había regalado su madre, es gracioso porque yo no la conocía a esa chica y sin embargo ya lo sabía, tanto su nombre como la historia.
Pienso en como se filtran los colores y en realidad es algo que nunca recuerdo, pero hablaba de uno rojo y otro más. Una chica que está sentada a mi derecha, tiene una cámara gigante como un zapato de pie grande. Pienso que está buenísima, su última fotografía me parece tan hermosa que me conmueve.
Cuando llegamos era de noche, ese paisaje me dolía en el cuerpo entero. Caminé por una calle que bajaba hacia una gran avenida desolada. A mi alrededor los arbustos eran de 10 verdes diferentes y tenían medidas de seguridad. Ambulancias sonaban en mi cabeza, pero no había tránsito si quiera. Antes de llegar a la avenida, había un teléfono público, de aquellos que parecían un caparazón gigante y ahuecado. Era de color azul, no marco ningún número, pero una voz masculina y adulta, me indica que no podía acercarse, porque la muerte estaba cerca.
El punto es que al otro día de este último sueño, todo lo sucedido detrás de mis ojos era un poco extraño. Hoy todavía nosé, porque después del día de ayer soñé otra cosa medio macumba. Es claro que hoy no es hoy sino el ayer de hace unos días atrás. Estoy soñando demasiado y desordenando los relatos.

jueves, 16 de julio de 2009

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Ayer parece que fué un día extraño, al despertarme, me dí un golpe muy fuerte contra la pared. No es la primera vez que sucede algo así porque sino era la pared era la mesa de luz , pero han pasado muchos años ya de aquellas experiencias y había olvidado mi torpeza matutina.

Viajé escuchando mi canción favorita desde hace unos meses, cinco veces seguidas fácil, creo que me enamoré de la voz de ese hombre, y vuelvo y la canto yo por lo bajo y bailo sentada, en fin eso no es importante, pero tengo ganas de escribir hasta el cansancio de los otros. Llegué al lugar indicado y caminé con P. hasta una plaza, nos sentamos y conversamos un poco, hacía tiempo no nos veíamos asi que no fué poco sino mucho. En un momento se acerca un hombre vendiendo muchas cosas, pero es la primera vez que alguien viene y me vende algo que necesito con urgencia, bien, luego se acerca un payaso y me dá un papel, me niego, tiene forma de corazón, me niego más, me dice que me lo regala y yo pienso en que no tengo monedas para darle, ni trabajo ni nada para regalarle y me pongo seria, lo agarro, leo el corazón y dice ¡AMATE!, sonrío con verguenza, es la primera vez que alguien viene y me dice algo que necesito. Lo guardo en el bolsillo secreto de mi bolso, y pienso muchas cosas. Vuelvo a mirar a P a su rostro, lo descubro, hacía tanto no veía a P. Se acerca un hombre, pregunta: ¿han visto mi manta amarilla? No... ¿Seguro?, la estaba llevando por acá recién... la respuesta es la misma... Al rato escucho algunos gritos, este hombre estaba peleandose con otro y en el medio una manta amarilla. Me reconforta saber que la encontró, viene la policía, hombre nº 2 acusa de robo a hombre nº 1. Le robó un bolso azul con toda su ropa. Hombre nº1 acusa tener solamente una manta amarilla, parecía un niño, pienso muchas otras cosas y veo como se vá. Y el otro gritaba, quería pegarle de nuevo, culpa de el bolso azul. Cerca de nuestro asiento un chico miraba el suceso, se dá vuelta y nos sonreímos con cara de algo que no puedo explicar.
Le cuento a P acerca de todos los sueños que estoy teniendo, me siento algo así como RHUFGUrtfusdfdsjfhnsdgujbsdft ¿entendes? Osea yo sé que es algo de mi cabeza pero es como vivir en otra realidad de la que no se puede ansaudxmgdf.

lunes, 13 de julio de 2009

seis del siete

Era como un desierto, estaba esperando mi turno apoyada en una pared de color blanco. Veía avionetas de color beige en el cielo, que se iban en distinta dirección.
Del deseo de volar me moría y la noche caía despacio, la mutación de los colores por variación de la luz,
no dejaba de asombrarme.
Ayer y hoy llovió un montón, tanto que me quedo pensando, como si volara en realidad y lloviera en el sueño.

martes, 9 de junio de 2009

mrñ


La resolución de un problema urgente, en la separación del modo de escuchar

Dejar de ser oído, quitar el velo de lo oculto y aún todo no será exposición.

domingo, 10 de mayo de 2009

trampolín

Fué el plano que sostenía mis pies quien se ha inclinado al escuchar el chirrido de los hielos que forzaban el sonido de mi espacio. Aquél impulso fué quien me condujo a esta otra esfera en la que me encuentro, estoy cerca de la casa de un chico que me gusta, pero está paseando por ahí en otro lugar del mismo planeta. Tomé el tren hasta Constitución, miré el cielo y era azul como yo, canté una canción mientras paseaba y pensaba en no comprar nada pero necesito un libro nuevo.Hoy también es un día muy extraño, como todos los de este año, tomé el subte de color azul, igual que el cielo, igual que yo. Me senté en un escalón y recordé que hacía como cinco años allí estuve sentada una vez con un chico que odiaba el teatro, miré mucho más de lo normal y quería ser actriz y actuar que volaba desde un trampolín y el paseador de naves venía por mi, venía por mi. Pues como actuar era imposible, no hubo más que dibujar aquello nuevo que deseaba, además del libro y aAhH...

sábado, 25 de abril de 2009

La caja negra

Como si en un cuarto oscuro jugaba al cuerpo oscuro, allí pensaba mientras bailaba en todo aquello que no soporta de si, entonces estaba moviéndose en un espacio interior sin luz, mientras una imagen que se despliega,como positivos y negativos, la golpea en su cabeza, produciendo aquello que queda grabado y se asocian las cuestiones con todo eso que no es nada y que no tiene relación. Entonces de nuevo se trata de la maldita imaginación que quiere revelar una imagen para velar el cuerpo que distante se desarma y aleja de lo que en verdad quiere ser. Dice que necesita de un poema para respirar, dice que saltará al vacío que radiante la alumbra, se cansó de dibujar rostros enteros, deberá soltarse de sus propios ojos y descansar en la repetición de la memoria, sin que la forma coincida con el deseo, borrará el error con una nube experimentando una geografía interior y musical antes que la gravedad de la realidad hecha ley se plasme en su retina.Si escribir es lo que importa, pues aquí estas palabras que viven a la distancia, en la suposición de quién graba todo en su propio cuerpo oscuro, como la noche, como la caja, vacía, hueca, allí se encuentra lo que se tiene que cae
r.

sábado, 14 de marzo de 2009

Viaje en minúscula

Doblaba a la esquina como si fuera algo mágico, justo mientras ella se acomodaba en la fila. Contó las monedas que guardaba en su bolsillo, pacientemente se acercaba hasta que pudo subir, pidió su boleto tímidamente, como si le contara algo secreto al conductor. Quizás el mensaje iba en su mirada. Caminó por el pasillo hacia el próximo lugar libre, pidió permiso y miró la ventana con alivio. Observar era sin duda su actividad favorita. Podía viajar en silencio o musicalmente, editando sus imágenes que en sintonía a sus pensamientos transcurrían por sus ojos como su propia película. Podía leer y escabullirse, dentro de la historia como si la postura de su cuerpo anunciase a los pasajeros ¨tengan el bien de ser silenciosos durante el trayecto, alguien está haciendo algo muy importante¨. Otras veces levantaba su cuello y miraba para todas partes, arriba, abajo, en los labios y brazos de la gente, sus pies, sus ojos, los peinados, el lenguaje de un paisaje compuesto únicamente por humanos, otras solamente observaba la belleza de los árboles, el color del cielo o la hermosa arquitectura creada por aquellos antiguos humanos. Soñaba con su vida todo el tiempo. Y aquello que a sus ojos parecía una poesía visual perpetua, era como la tortura más íntima a la que se sometía, no se trataba de imaginarse mirando al espejo. Realmente era introducirse en un espacio donde los colores eran intensos, los objetivos claros, las fotografías como obras, los positivos restaurados, un lenguaje corporal tan sabio como quien respira una paz interior que acariciaba al cuerpo desde adentro. Aquellos sueños la configuraban, se regía por ellos, se confundía en sus aromas y le restaban lo que naturalmente se produce por lo que la espontaneidad impone. Los cálculos siempre presentes congelaban las imágenes, de manera tal que cuando ella obtenía el contenido de la continuidad de la historia, la misma si no había culminado, había tomado su propio rumbo, el que la realidad dicta como un colectivo que doblaba la esquina y dejó pasar, por no tener aquellas piezas doradas legítimas, pequeñas llaves del observatorio.

lunes, 16 de febrero de 2009

trece días

Llovió y estoy escribiendo todo muy desordenado. Ya habíamos cruzado la frontera, pero esta vez era diferente. Algo se había quebrado en mi mundo interior.
Soy el vértigo, bailo con el viento, vivo un intervalo en el trópico de capricornio, me siento en una calle y me lleno de polvo. Observo bebo y duermo en un hombro ajeno. Tengo las manos congeladas. Los ojos lastimados, rojos, sensibles y todo lo que ello significa que nosé bien que significa pero siempre hablo de un todo o nada cuando no me animo a enumerar o callar o cerrar los ojos sin sentir dolor. Se había roto el mecanismo visual, pero así y todo logro recordar aquello que se vé cuando se sueña, cuando se vive del otro lado. Iba de la mano con una niña que estaba a mi cuidado. Yo tenía en la pierna una herida, siempre con las mutilaciones en el cuerpo parece, no era un hueco esta vez. Sino que un corte, una herida en la parte superior de mi pierna derecha. Desperté y estaba muy lejos en mi lugar favorito de todo el mundo. Sentí eso.
Esa mañana desayunamos en la calle, en un escalón que no era el propio. Busqué mi sorpresa que viene en un huevo gigante que sabe a montañas y cielos de colores maravillosos, hay cosas que definitivamente se comen con los ojos y otras que se compran con la boca.
Quería emprender un regreso sin volver y pensé en algo que escribí antes en un papel que se me voló en un desierto colmado de rocas gigantes. Pude recuperarlo sin aire. Era una pequeña poesía acerca de la geografía musical, dibujé lo que veía porque las palabras a veces no son tan precisas y cerré el cuaderno azul de pintitas blancas. Aún sostenía su pequeña mano. Estaba completa, con la sombra incluída.

domingo, 11 de enero de 2009

Agujero cósmico

Introducir un hisopo con frecuencia en los oídos para traer a la real realidad inexistente el submundo que cual si fuera cera de un experimento auditivo intentaré transcribir percibiendo las imágenes nítidas de lo que he soñado anoche.

La tarde en su pleno apogeo adornaba el precario escenario de una exposición de cine inexistente, el independiente no es precario por lo que aún nosé como llamarlo, no había demasiada gente como era de suponer, ya que no era una muestra de rally. Vimos fragmentos de varias películas, algunas las comprendía y otras realmente no, tampoco en el sueño sabía demasiado de cine, pero si sabía lo que me gusta ver, pasaba la tarde y a los tres afortunados ganadores del concurso de BLAH se le han entregado los premios, uno de ellos el último, estaba sentado muy cerca de mi. Pudiendo pispear con lujo de detalles el premio que no lo pienso describir, observo sin entender de nuevo, qué onda la gente de allí. A veces parece que el mundo se divide entre los que tienen y los que no. Pero eso es otra cosa.

Una vez terminada la pseudoceremonia, camino hacia el fondo de una calle de tierra. Me siento contra una pared y me encuentro con dos chicas, una había ido a la primaria conmigo. Hablamos un poco y en un momento se acerca F sin verme si quiera, coloca un cartel en la pared, veo sus ojos verdes, siento que me duele algo que en los sueños no existe pero allí mismo sonaba Leonard Cohen,will be fine, will be fine, will be fine.
Entonces con la última mencionada adulta muy adulta, caminamos hacia la curva de una farmacia de turno cerrada. Ella se fué con su hija. Yo con mi estado de confusión. De nuevo repito para mi: he visto algo en sus ojos, lo sé. (me alejo cantando la canción como si bajara el volúmen apropósito para mis adentros. Fin de la escena, el amor desconocido e infundado sobre F)
Camino por un sin fin de casualidades, me encuentro a L, que solo sé que su nombre es L y que probablemente piense cualquier cosa de mi. Entro a su casa y comprendo su forma de ser ausente y alejada. Rara. Me siento contenta por eso, respiro un aire cálido, me siento acompañada por él. Eso también es sinónimo erróneo de paz. Pasó la noche como un relámpago.

Acudo al encuentro con S. en principio nos dirigimos a un quiosco que quedaba en una esquina. Una vez que entramos cierran las persianas, aparentemente era un poco tarde. Compramos algo que probablemente serían sus cigarrillos, pues yo no fumo umo. Y mientras esperamos que nos cobren, vemos ciertos movimientos raros. Tengo miedo, pienso que quieren robar.. pero el miedo en si es a otra cosa. No tengo paz, afirmo. Y la paz es otra cosa, no lo que obtienen los muertos.


Un poco más tranquilas, fuera de la locación, caminamos unas cuadras. El ambiente lucía algo extraño. Las caras de la agitación caminaban levantando polvo. Tomamos un colectivo de una línea sin numerar, nos sentamos en los asientos del fondo. Cuando estamos por llegar a la estación de Wilde entre risas y espamentos le digo a S. que toque el timbre onírico. ¨No lo encuentro¨dijo, y es que se mimetizaba junto con el metal oxidado de la puerta de la percepción. Bajamos en la esquina de Ramón Franco y Martín Fierro, caminamos por Salvador Soreda unas cuatro o cinco cuadras. Nos dirigiamos al lugar mágico, donde mamá no me dejaba ir con la bicicleta. Niños salían de un colegio estatal, uno en particular me mira con cara de situación, tengo miedo de nuevo. Siento que quiere decirme algo, me mira subir a la vereda y alejarme con la mirada indefinida, yo nosé mirar sin que se note.


Llegamos al lugar mágico situado sobre la misma calle que ya he soñado con anterioridad que si bien no es, se parece a el fondo de wilde, osea a cuando llegan las fábricas abandonadas y las casas cambian de color.

Los rostros ya parecen mutantes del horror. Caminamos sin saber nada acerca de eso. Llegamos a una esquina, la gente iba y venía algo espantada, nadie explicaba nada, porque al parecer era algo superior, algo a lo que no estamos acostumbrados que suceda, era eso que nos unía como víctimas humanas, víctimas de tanta humanidad. Cuando llegamos a la esquina, una multitud se agolpaba alrededor de la policía. No se trataba ni de un robo ni de una toma de rehenes, nada que un simple periodista pueda explicarnos. No había canales de televisión, esto no saldría en las noticias. Una guerrilla vestida de color verde militar y otra de color blanca antecedían la ubicación policial. Los de blanco tenían pistolas de color negro algo graciosas, para ser tan sobrias. Los de verde utilizaban armas de guerra.

Nosotras teníamos miedo, porque no sabíamos que había del otro lado, que clase de guerra se iniciaría. ¿Acaso esto era una revolución? Probablemente su postura era errónea, pero justamente eso era.. con aire protagónico S y yo retrocedemos el paso, con miedo hemos quedado en el medio. La calle estaba cerrada, los niños escolares habían desaparecido, propongo ir hacia la otra cuadra. Malas noticias: Todos los caminos estaban cerrados. ¿Y ahora qué?

Miro hacia el interior de una fábrica por una ventana rota. Se podía ver que en el subsuelo una especie de congreso de la antinación, conversaban sin votar. Algo tramaban. Un capítulo del proceso ha confirmado lo siguiente, inconclusamente aún. Tengo sueños de espía.

Por lo pronto solo resta realizar el análisis sintáctico y el estudio físico respecto de la muestra obtenida de mi pequeño agujero cósmico, porque escuchar es tan importante como ver.

lunes, 8 de diciembre de 2008

La hora de bailar



Lustraré los pisos con mis medias por la noche sin sin con sintonías y síntomas de las cintas como los cientos de sienes pensantes,
me encontraré luego en el árbol con quién no puedo mencionar.
Llevaré flores de los vestigios y ocultaré las letras debajo de las rocas que nos amparan.
Son sus frases amarillas las que suenan en mis sueños,
el fraude me llama con los medios de comunicaciones interiores y gratuitos.
Todavía nos falta tiempo.
Dejad entonces mi mente en paz,
hasta bailar conmigo este ruido suspendidos en el aire.

martes, 18 de noviembre de 2008

sound of joy




Si nunca es hoy. ¿Qué es ese modo de saltear el presente como vegetales? ¿cómo se salta a un colectivo sin moverse de lugar? Siempre aparece la imposibilidad de hacer un futuro cuando lo que se hace tiene que ver con lo que sucede ahora en este mismo instante querido. ¿Y vos qué hiciste? EH EH EH Entonces sí, me cansé de mi y de ti y de mi hasta el infinito aún cuando los pronombres puedan ir mutando.

AHhh y sucede que es el sueño quién orienta la dirección en occidente, ¿acaso vos no lo sabías? Y si es así, porqué te hacés la sorprendida, trantando de dilucidar njsdzfbdsgbdfusgh esto. Es que yo sé que la geografía interior y esas cuestiones de mochilas, pero los límites recuerda tu marcan el territorio como las rejas de las casas o los alambres de puás que no tocan guitarras.

Al fin y al cabo, la distancia es errónea y ridícula no come rúcula porque como yo pensaba que estaba lejos en realidad estaba cerca y simplemente estaba donde quería estar, so.. bancátela y dejadme tomar un poco de aire espacial.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Esto lo soñé hace un mes

Son las siete de la mañana, el inentendible al menos volvió al otro lugar donde todo esto ocurre:
Me fuí de viaje con Florencia, llegamos en tren a Vittigia, un pequeño y alejado pueblo. Al llegar al destino inexistente solo pretendía fotografíar la imagen proyectada por la curva del tren. Cierta luz era la protagonista de dicho paisaje. Una arboleda torcida, un cielo casi color magenta y el reflejo intermitente del sol. Lamentablemente la cámara la guardaba mi amiga que en ese momento ya no era F sino Pomelo, por lo que la demora de informar las intenciones fotográficas tornaron imposible la captura. El tren llega a la estación mencionada, era pequeña y cálida. En las vías del tren veo a un hombre que sacaba una fotografía hacia donde yo había pretendido, pero no era lo mismo. Disfruté que el hombre no obtenga esa imagen.
Expliqué los motivos de mi risa maligna, mientras caminabamos hacia la galería del pueblo, subimos por una rampa y el primer local a la derecha era un almacén, afirmaba que eso ocurría en todas las galerías al igual que las iglesias o catedrales siempre están frente a la plaza principal.
Buscabamos un quiosco, pues tenía sed. La inflación había llegado a mis sueños, la cepita había aumentado a $9.30. Para mi que se avivaron, reflexionaba al respecto y a la inutilidad de colocar un quiosco al lado de otro. Pero subsisten y eso siempre me asombra.
Con mi compañera de viaje, entramos a un tercer local, a la izquierda había un mostrador de madera antiguo, colmado de ropa. ¡qué mal gusto! Sin embargo, a la derecha de la locación se encontraba mi señora madre haciendo sociales como es costumbre, la saludo y algo me expulsa de ese lugar. Sigo caminando sola, veo una inmobibliaria, el inentendible estaba sentado con su sweater color beige, no se le veía el rostro. Me doy vuelta, miro de nuevo. Era èl. No había dudas.
Trabajar trabajar, solo se puede mentir y trabajar. Cobarde poco hombre, miro una estatua que adornaba la galería, el empedrado me resultaba poco cómodo, miro la cantidad de piedras que me rodeaba, aquella con forma de hombre que vigilaba el paseo y aquella piedra que trabajaba trabajaba sentada en una silla que lucía confortable. Pienso que la piedra humana, tiene una vida paralela, donde yo soy su piedrita infiltrada en sus zapatos elegantes y marrones. También siento que estoy equivocada. Me voy con mi margen de error a otro lado, eso no era más que una pérdida de tiempo o de eso que se pierde cuando no hay un sentido particular y no común.
Busco un lugar para ir al baño, era un bar bastante particular, veo a una chica que tiene un nombre raro, que es superpasada de la vida y que no quiero decir su nombre, ella sostenía una taza de té, hablamos de cosas que no nos importan en absoluto.
Abro la puerta, entro al baño. El inodoro estaba sobre un cubo de color negro, era un baño dadaísta, lo excéntrico generalmente es poco práctico, era increíblemente alto y encima estaba sucio. Comienzan los malabares femeninos, si aquellos que suceden en la intimidad de un cubículo cuando se piensa en comprender el porqué de la ausencia y el silencio del inentendible. Quién con certeza afirmo me había visto caminar y siento que lo volveré a ver en otro circo.