domingo, 19 de julio de 2009

Mostrar vista previa (continuaba)


Entonces me levanté y empecé a caminar, vi pasar los autos, miré el cielo, puse mis manos en los bolsillos me dije para adentro. Iré. Entonces de repente L era un chico de esos que pobre los borré así como enojada sin estar enojada. Nos empujábamos un poco mientras los planos se confunden como si fuera una película mal hecha pero de las que me gustan.
Ahí es cuando aparezco en el tren. Subo con el alivio de viajar hacia allá. De ver los colores apaciguados y un silencio que te deja sordo por tanto ruido. Los pasajeros se encuentran en un estado similar al mío. Puedo verlo en los ojos de cada uno de ellos. Este tren se dirige donde el dolor se olvida y las cosas empiezan a flotar en esferas que salen de nuestra boca como si fueran burbujas. Si si así es, es de no creer.
El vagón donde me encuentro, tiene apariencia de aula, estoy sentada sola. Miro hacia abajo para atrás, y veo unos zapatos de un color raro con pintitas de diferentes tamaños. F me contó que se los había regalado su madre, es gracioso porque yo no la conocía a esa chica y sin embargo ya lo sabía, tanto su nombre como la historia.
Pienso en como se filtran los colores y en realidad es algo que nunca recuerdo, pero hablaba de uno rojo y otro más. Una chica que está sentada a mi derecha, tiene una cámara gigante como un zapato de pie grande. Pienso que está buenísima, su última fotografía me parece tan hermosa que me conmueve.
Cuando llegamos era de noche, ese paisaje me dolía en el cuerpo entero. Caminé por una calle que bajaba hacia una gran avenida desolada. A mi alrededor los arbustos eran de 10 verdes diferentes y tenían medidas de seguridad. Ambulancias sonaban en mi cabeza, pero no había tránsito si quiera. Antes de llegar a la avenida, había un teléfono público, de aquellos que parecían un caparazón gigante y ahuecado. Era de color azul, no marco ningún número, pero una voz masculina y adulta, me indica que no podía acercarse, porque la muerte estaba cerca.
El punto es que al otro día de este último sueño, todo lo sucedido detrás de mis ojos era un poco extraño. Hoy todavía nosé, porque después del día de ayer soñé otra cosa medio macumba. Es claro que hoy no es hoy sino el ayer de hace unos días atrás. Estoy soñando demasiado y desordenando los relatos.

No hay comentarios: