domingo, 9 de noviembre de 2008
domingo, 2 de noviembre de 2008
detención de la tenencia

Tengo un sol in ter mi ten te y el reloj de la hora invisible. No pueden verme pese a ser la que viste y calza, porque algunas veces estoy en un farol que no funciona pero desde ahí estiro mi brazo para borrar el error con una nube que dibujé en mi cuaderno interior de un monoblock cuadrículado donde solía bailar tango en el ascensor y el pobre se ha inundado con un café que sabe amargo.
Igualmente sus ojos trataban de capturar mis palabras como cuando suceden los vals que se bailan en la calle para perturbar a los que caminan más apurados que yo, con esa misma actitud corría de su campo visual mi cuaderno y ante la pregunta: ¿Qué escribís ahí? yo podría repreguntar, ¿Qué te importa? pero respondí que escribo acerca de mis malos modales. En el fondo me pregunto si educarlos de alguna manera sirve, si habrá otra abertura descolocada, sana al natural, donde el único líquido que nos persiga sea la lluvia que tanto nos gusta, como los trenes de las estaciones diferentes, somos piezas de rompecabezas mutiladas jugando al ajedrez con palabras que presentan una representación de presente previo al pretérito, donde solo se gana un puñado de ellas como premio.
viernes, 24 de octubre de 2008
Libertad
Y te dice el nombre de mi calle no es anterior y no hace falta saber acerca favorita cuando abrís los ojos y de lo que se quiere ni todo el tiempo ni
te das cuenta entonces que mucho menos cuando solo hay un miedo sin TODO ESO NO NOS
notas musicales que
I M P O R T A suena a aparecer descalza en un sueño que está porque se des hace.pasando.
lunes, 20 de octubre de 2008
Alteridad
La maceta sigue en su mismo rincón, el balcón dibuja la continuidad que constante y perpetua vigila a quien se esconde bajo las vestimentas de estación.
Como el de una radio, el dial cotidiano cambia, todo parece un desastre inadvertido pues asombrosamente se trata siempre de lo mismo.
Los vidrios aislan el frío enternecido de la intemperie. A veces lastiman, se rompen, mutan en suciedad porque alguien o nadie los limpia. Se empañan, adornan o espían, saben de su condición sólida, dura, frágil y transparente.
La lluvia cada tanto visita la flor, siempre en el mismo lugar, una parte de la luz se refleja y unas cuantas palabras se refractan por mi boca como láminas pequeñas de un débil cristal estallado, es que a nadie le gusta masticar vidrio. ¿No?
viernes, 3 de octubre de 2008
Mirad atentos, el remis está llegando
Existen distintas respuestas supuestas y colmadas de puntos paralelos que se trazan a la normal diaria de quién se toma un colectivo, luego otro, subte, tren, tragos, mientras trago saliva, me levanto, subo el cierre y pienso en que no escucho lo que canto. Estimo que las intersecciones del azar y lo suyo hacen esto que no tiene radio ni incidencia en la construcción geométrica de todo esto que me rodea. La lluvia cae y los muertos salen a pasear, pero aquí viene lo importante, lo que podría cambiarle la vida, sin llegar a la muerte claro, es un producto nuevo y exclusivo:
Se podrá lograr entonces que a determinado ángulo usted pueda, que no es lo mismo que lograr,visualizar algo que no se vé, que es congruente con eso que no le puedo contar.
Pero recuerde que conservan la forma y su tamaño en años establecidos empíricamente entre los senos descocidos y descocados de aquella mujer que no soy yo.
Es evidente, su mejor elección,no me llame nunca.
viernes, 19 de septiembre de 2008
Esto lo soñé hace un mes
Son las siete de la mañana, el inentendible al menos volvió al otro lugar donde todo esto ocurre:
Me fuí de viaje con Florencia, llegamos en tren a Vittigia, un pequeño y alejado pueblo. Al llegar al destino inexistente solo pretendía fotografíar la imagen proyectada por la curva del tren. Cierta luz era la protagonista de dicho paisaje. Una arboleda torcida, un cielo casi color magenta y el reflejo intermitente del sol. Lamentablemente la cámara la guardaba mi amiga que en ese momento ya no era F sino Pomelo, por lo que la demora de informar las intenciones fotográficas tornaron imposible la captura. El tren llega a la estación mencionada, era pequeña y cálida. En las vías del tren veo a un hombre que sacaba una fotografía hacia donde yo había pretendido, pero no era lo mismo. Disfruté que el hombre no obtenga esa imagen.
Expliqué los motivos de mi risa maligna, mientras caminabamos hacia la galería del pueblo, subimos por una rampa y el primer local a la derecha era un almacén, afirmaba que eso ocurría en todas las galerías al igual que las iglesias o catedrales siempre están frente a la plaza principal.
Buscabamos un quiosco, pues tenía sed. La inflación había llegado a mis sueños, la cepita había aumentado a $9.30. Para mi que se avivaron, reflexionaba al respecto y a la inutilidad de colocar un quiosco al lado de otro. Pero subsisten y eso siempre me asombra.
Con mi compañera de viaje, entramos a un tercer local, a la izquierda había un mostrador de madera antiguo, colmado de ropa. ¡qué mal gusto! Sin embargo, a la derecha de la locación se encontraba mi señora madre haciendo sociales como es costumbre, la saludo y algo me expulsa de ese lugar. Sigo caminando sola, veo una inmobibliaria, el inentendible estaba sentado con su sweater color beige, no se le veía el rostro. Me doy vuelta, miro de nuevo. Era èl. No había dudas.
Trabajar trabajar, solo se puede mentir y trabajar. Cobarde poco hombre, miro una estatua que adornaba la galería, el empedrado me resultaba poco cómodo, miro la cantidad de piedras que me rodeaba, aquella con forma de hombre que vigilaba el paseo y aquella piedra que trabajaba trabajaba sentada en una silla que lucía confortable. Pienso que la piedra humana, tiene una vida paralela, donde yo soy su piedrita infiltrada en sus zapatos elegantes y marrones. También siento que estoy equivocada. Me voy con mi margen de error a otro lado, eso no era más que una pérdida de tiempo o de eso que se pierde cuando no hay un sentido particular y no común.
Busco un lugar para ir al baño, era un bar bastante particular, veo a una chica que tiene un nombre raro, que es superpasada de la vida y que no quiero decir su nombre, ella sostenía una taza de té, hablamos de cosas que no nos importan en absoluto.
Abro la puerta, entro al baño. El inodoro estaba sobre un cubo de color negro, era un baño dadaísta, lo excéntrico generalmente es poco práctico, era increíblemente alto y encima estaba sucio. Comienzan los malabares femeninos, si aquellos que suceden en la intimidad de un cubículo cuando se piensa en comprender el porqué de la ausencia y el silencio del inentendible. Quién con certeza afirmo me había visto caminar y siento que lo volveré a ver en otro circo.
sábado, 6 de septiembre de 2008
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