Quería que me preguntes, que me digas.
entendes? Esperé y me pregunté aquello que yo no podría responder.
Te voy a pasar un guión, para que te avives,
te voy a pasar un punto final para que me invites a ver la luna.
Viajo en un colectivo verde, un verde que está de moda cada tanto y al menos he pasado por esa calle POR ESA CALLE donde me callé y me caí tantas veces, al menos por decir un número y sin exagerar habrán sido 900 veces, aunque me gusta ser exagerada, esta vez calculo estoy en lo cierto. Siempre que pasé lo vi, el mejor dibujo, simple con los colores primarios, en una pared gastada y vieja. Una chica, un chico y algunos otros, pero en una porción de esa pared, habían agregado con aerosol rojo el nombre de una banda, que de haber visto ese dibujo, nosé yo quiero pensar que sería la tapa de uno de sus discos. Y hoy que iba decidida a fotografiar ese lugarcito que he mirado muchísisimas veces, osea ya lo dije al menos 900, hoy no estaba más, alguien que no vió que ya había algo ahí, tuvo la necesidad de escribir LOVE así todo horriblemente grande y plateado.
Es que será que algunos les pasa, el amor así de las formas más extrañas.
Ocurrió durante la noche, el vino se había derramado como la sangre. Solo viste un líquido rosado furioso y dulce.El exceso se cae por el cuerpo que dice ser el propio, pero miente. Podría ser cualquier recipiente, o quizás como un afluente corporal vagueando a cuenta gotas por los agujeros de un rostro inconcluso y desesperado.
Corrió la cortina, está sentada en el extremo de su cama, miró por la ventana, directo al santuario, en el reflejo pudo leer con esfuerzo una cicatriz que indicaba sus iniciales. La llevaba en la frente, la luz aún siendo tenue le quemaba los ojos, bebió agua con desesperación. Sintió como si fuera un balde de agua fría en pleno carnaval pero dentro de su cuerpo. Las gotas salpicaron las paredes, los recovecos aún siguen sucios, repletos de sangre coagulada que de nada sirve, que se acumula un poco mientras el resto va y viene para que todo funcione como funciona. Estático, o mecánico. Tal como los recuerdos, como la espera inútil que solo conseguían agravar el malestar general de todos los cuerpos que danzan por el dolor empecinado sin llanto, duro e insignificante de todos los tiempos que juegan con nosotros.
Esperar es una acción completamente extravagante, pretender aún más. El olvido pende de un hilo que se descose sigilosamente. El uso y abuso de las sustancias adictivas a la memoria, la cosificación de las personas, que gastan sus recuerdos, se aproxima entonces a la sensación de olvido.
Pero no, no es así como parece, la pérdida del interés se debe a malgastar sin sentido en la mayoría de las veces los pensamientos erradicados en algo que ya se sabe que no sirve de antemano, esperando dar con la notable noticia cual si fuera una novedad de sentir aquello mismo que se siente cuando uno decide tirar sus zapatos favoritos, hermosos de aún tan viejos que parecen, con los agujeros y descosidos, guardando vestigios de un proceso de coagulación antiguo. Así nos olvidamos sin olvidar solo al comprender la inutilidad, el ciclo, la abertura y cerradura de nosotros mismos. Creemos que todo aquello ya no está adentro nuestro, pero debe volver al afuera, lo que al exterior le pertenece.
Las paredes de ciertos lugares, las algas, el agua y el cielo también, los sonidos despedidos de mi boca, la saliva que escupo con desgano.
Lo que adiciona al vaciamiento, para agregar un lugar. Para no diluir nunca más en este espacio atemporal donde nada sucede con la certeza de que sigue sucediendo, ya pasó.